EL AMOR SIGUE SIN TENER EDAD Y SIEMPRE QUEDA TIEMPO PARA DARSE UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD
Un reportaje de Amaya García
A ella, le animó su hija. A él, sus dos vástagos. Ana y Francisco (nombre fictícios) siguieron los consejos y decidieron acudir a Alter Ego, una agencia matrimonial. Tras innumerables tests, distintos encuentros y las consiguientes dudas a cerca de la decisión tomada, Cupido lanzó sus flechas. Desde hace dos meses, esta médico y este psicólogo salen juntos. La suya es una historia de amor de esas de película ...
Ana y Francisco, de 58 y 61 años, respectivamente, tenían ganas de conocer a una persona especial. Querían encontrar a alguien con quien compartir confidencias, amistad, aficiones, ... amor. Un compañero que llenara la soledad que cada vez se les hacía más cuesta arriba. "Leí en una revista lo de la agencia y pensé que era una manera seria de contactar con gente", recuerda Ana. Francisco llamó y cuando estaba a punto de pasarse por primera vez por la agencia, hizo amago de irse. "Al final, reflexioné y entré", afirma.
Y si el dios del amor hizo el 50% del trabajo, el equipo de especialistas de la agencia hizo el resto. Ellos fueron quienes, analizando gustos, hobbies, y expectativas, cruzaron sus destinos. No fallaron, "En el primer encuentro quedamos para tomar café, asegura Ana. La siguiente cita se hizo esperar: "Al día siguiente".
FLECHAZO
Francisco dio el primer paso en ambas ocasiones. Aunque a la hora de hablar, ella se muestra más lanzada. "Hubo un poco de flechazo", asegura. Los nervios eran invitados de honor de la cita. Al menos, en el estómago de Ana: "vivir algo así es emocionante." Y si la cosa funciona, más. "Sabes que la otra persona va con las mismas expectativas que tú, pero nunca se sabe lo que puede ocurrir", añade.
Coincidieron en la forma de pensar, de ser y de vivir. Más no se puede pedir. Ella salía de una separación y le apetecía rehacer su vida sentimental; él, viudo desde hacía tres años, quería probar suerte de nuevo en el amor. Ilusionados ante un futuro que se plantea en común, no quieren equivocarse por las prisas. Hasta ahora, la discreción ha primado a la hora de confiar en su historia amigos y familia. Sus hijos son, por el momento, los únicos que la comparten con ellos.
Ana ha contado desde un principio con el apoyo incondicional de su hija, una joven de 23 años. "Ahí te demuestran que lo que quieren es que seas feliz", dice orgullosa. Un sentimiento que también expresa Francisco. A la hora de hacer confidencias, ella ha tenido más suerte: "Las madres siempre comentan con la hija cómo ha ido el encuentro".
Hoy, celebran su primer Día delos Enamorados juntos: "Iremos a cenar y a bailar". Desde que salen juntos, han tenido que cambiar sus hábitos para poder disfrutar de su mutua compañía. Ana está encantada: "De repente me he quedado sin tiempo". Y espera que siga así por muchos años.









