« Corazones solitarios S. A.»
Miles de jóvenes menores de 30 años buscan en una agencia matrimonial el amor de su vida.
Rendidos ante el secarral de la incomunicación, vencidos por la fatigosa esterilidad del « ligoteo » y la falta de tiempo para invertir en tan torpe tarea, más de 50.000 españoles, un tercio de los cuales no ha cumplido los 25 años, han optado por encomendar el serio consuelo de su soledad a una agencia matrimonial, más que nunca laboratorios antropológicos que sirven en bandeja novios a la carta. Es el « boum » del amor « gourmet », un negocio en expansión. Los Domingos de ABC fue testigo de sus artes.
Para empezar, enterrar los prejuicios. Olisquear, por si las moscas, el rastro del aroma de las almendras amargas que presagiaba en los tiempos del cólera, según testimonio de García Márquez, el destino de los amores contrariados. Bien es verdad que desde hace mucho no hay rastro de aquella epidemia, pero el ataque furibundo del estrés bien que sustituye aquellos estragos.
Y aqquí, a la puerta de Alter Ego, vanguardia de las agencias matrimoniales en España, con una cartera de más de 5.000 clientes, se respira paz. Y eso, en cuestión de amores, es cuando menos digno de tenerse en cuenta.
« La selección es muy importante —explica Fernández— y la primera exigencia es que el otro tenga el mismo nivel sociocultural. Luego se quieren las mismas aficiones y que las situaciones familiares de cada uno, en el caso de que haya hijos por medio, sean aceptadas sin recelos ».
Los clientes de esta agencia son, en su mayoría, profesionales liberales, algunos conocidos políticos y empresarios, y que suelen añadir una apostilla a sus exigencias : que su pretendiente no pertenezca a su misma profesión. Además hay otras exclusiones. Por ejemplo, María, treinta años, divorciada, licenciada en Empresariales, alta ejecutiva de una multinacional de informática, pidió hace dos años que por encima de todo, el chico que anheelaba no se volviera loco por salir de marcha. « Me separé porque mi ex marido no soportaba que me dedicara en cuerpo y alma a mi trabajo, que ganara más dinero que él, que escalara puestos en mi empresa. Y yo no soportaba salir todos los días por ahí después de jornadas interminables en mi oficina. Me gusta la tranquilidad, estar en casa, charlar, ir al teatro… Quiero tener hijos y formar una familia. »
« Luego está el caso de los viudos, con la diferencia —explica Fernández— de que ellas dejan pasar un tiempo de duelo que ronda los dos años o más, mientras que no es raro el caso del que quiere ya otra mujer y no hace seis meses que enterró a su esposa, después de 55 años de matrimonio. Muchos son incapaces de vivir solos. »
Silvia Pérez Monjevacas, psicóloga clínica de « Alter Ego », asegura que « nunca me he encontrado un caso de interés económico para buscar pareja. Toda la crítica que hacemos a los clientes es constructiva, porque no hay personalidades buenas o malas. Pero si en los test observamos señal de aalguna patología, se poasa a consulta del psiquiatra y hasta que no se hayan soluccionados sus problemas no es presentado a nadie ».
El sociólogo Armando de Miguel, que acaba de publicar una reflexión sobre « Historias de amor. Las novelas sentimentales del primer tercio del siglo XX », no ha dudado un solo segundo en responder a Los Domingos de ABC que « el matrimonio romántico está a la orden del día y buena prueba de ello es la cantidad de divorcios. Los matrimonios por otros intereses que no eran el amor eran más duraderos.
Volvemos a « Alter Ego ». Y allí estaba Adolfo Casares, apoyado al otro lado de la mesa de la psicóloga dispuesto a truncar su destino de ermitaño. « He puesto que mujeres de 42 años para adelante —me dice este directivo divorciado, en un alarde de dignidad, a sus 47 años—. Y que no me importa si ella tiene hijos a su cargo ». « Tendrás que llamar tú », le advierte la psicóloga, toda vez que le encuentren pretendida y ella dé el consentimiento, « porque las mujeres, en eso —dice con una sonrisa—, si que no han cambiado ». Más nervios. Ahora, el paso adelante, casi lo peor, o lo mejor, pensar en el cómo y asirse a un número. Y el número en la cartera. Y el ccorazón en un puño. Y en el alma, ay, la bendita ilusión.